Comenzamos a trabajar en este proyecto en el otoño de 1998, pocos meses después de inaugurar el Parque Etnográfico Pirámides de Güímar, que hoy es la sede de esta convocatoria.

Entonces, las Jornadas de Cine eran sólo un proyecto, una ilusión que emprendíamos con más voluntad que conocimiento, y con más dudas que realidades. Pero había algo que nos ponía a salvo de la incertidumbre que entraña asumir el riesgo de la aventura: el apoyo al cine canario.

El cine canario con su pasado y su presente, y con esa gran proyección de futuro que queda implícita en cada una de sus producciones, tenían entonces (y, probablemente ahora) nuestras mismas características: tenaz, pero frágil; soñador e incluso realista, nuevo, joven y conocedor de que hay un infinito mundo de posibilidades que -en ocasiones-, parece que no están a nuestro alcance, pero están ahí, tentándonos a afrontarlas. Las oportunidades nos dicen que trabajemos, que trabajando están más cerca, y que cuando desfallezcamos, sigamos trabajando.

Quizás haya otras formas de llegar al objetivo más fáciles, aunque por el momento nosotros no las hemos descubierto. Confiamos en que sesión tras sesión, día a día, a lo largo de estas Jornadas de Cine que se van consolidando y creciendo igual que una criatura llena de vida, podamos descubrirlas, es decir, ustedes, los profesionales de la cinematografía, nos las descubran, y si no es así, seguiremos trabajando.

Esperamos que, en esta consecución de encuentros, construyamos juntos una cadena, eslabón tras eslabón, para mayor gloria del cine canario y universal.